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domingo, 15 de enero de 2012

Retomamos la actividad

Estrenamos nuevo año, y con él... ¡Nuevos propósitos relacionados con la regularidad de las publicaciones! Por lo tanto, por favor, padres, os pedimos que no nos tengáis en cuenta la diferencia de tiempo respecto a la última publicación.
Pero antes de empezar con ello, hagamos un flashback de lo que nos dejaron las últimas semanas del 2011.
La Junta nos obsequió con dos cenas especiales... con etiqueta especial, aunque distinta en cada ocasión. 
La magia se apoderó por una noche en el colegio, pudiendo encontrar a los mismísimos gemelos Weasley, al profesor Dumbledore, la profesora Trelawney, a Harry Potter... y a Voldemort.




La segunda noche especial tuvo lugar para celebrar la llegada de la Navidad. Acentuada por la coincidencia de los exámenes y sus consecuencias más nefastas -necesidad de descarga de adrenalina, más fuerte incluso que de lo habitual-, la hora estrella se la llevó, sin duda alguna, el concurso de villancicos.





En cuanto al aspecto cultural, Sandra Ambrogio, antigua residente del Colegio Mayor, nos agotó físicamente solamente con narrarnos su experiencia en la Jornada Mundial de la Juventud, vivida de forma muy original y... sacrificada. Pero lo que recalcó de los 600 km que recorrió a pie desde Barcelona a la capital fueron el compañerismo y el buen rollo que se respiraron día a día, a pesar del cansancio.




También nos han visitado Itziar de Ros, directora de admisión del MBA en el IESE, el doctor Radoslaw Sojak, profesor de Sociología en la Universidad de Copérnico de Torun (Polonia), Josefina Figueras, periodista especializada en moda y ex-subdirectora de Telva o el doctor Benigno Freire, profesor de Psicología en la Universidad, entre otros. La última en venir ha sido Marta Revuelta, directora del Servicio de Actividades Culturales de la Universidad de Navarra.
También hemos tenido la suerte de asistir a una tertulia con el mismísimo Enrique Loewe, presidente de la Fundación Loewe, o Joseph Weiler, nombrado Honoris Causa por la Universidad de Navarra.

El doctor Radoslaw Sojak, una de las muchas tertulias que hemos tenido durante estos meses

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Cena medieval

“Sus majestades el rey y la reina de Olabidea, le invitan al Primer Banquete Medieval, el día 12 de octubre a las 21.00 horas en el Gran Comedor”, y en letra pequeña, “Disfraz obligatorio. Identidad secreta, personal e intransferible”.
Ésta fue la invitación que nos encontramos, la mayoría de nosotras con sorpresa, el lunes 10 de octubre. Teníamos dos días para encontrar el disfraz del personaje que nos había tocado, sin embargo el verdadero “momento disfraz” llegó el mismo día 12, por la tarde.
Cartones, pintura, maquillaje de cara entera, vestidos de princesa… Antes de entrar al comedor, Olabidea se había convertido en Camelot en carnavales (o algo parecido), y a medida que entrábamos nos fotografiamos en un photocall improvisado, que algunas se saltaron con mucha alegría. 
El ambiente dentro del comedor era auténtico. Las únicas luces eran velas, había escudos en las paredes, las mesas estaban dispuestas en filas alrededor de un espacio reservado a sus majestades, el Rey Marta y la Reina María, y la música que sonaba era lo más medieval de la década de los 90.   
Cuando todas estuvimos reunidas, comenzó  la presentación. Nos habíamos convertido en personajes de todo tipo: Cortesanos y damas, Romeo y Julieta, caballeros, Shrek y Fiona, Don Quijote y Sancho Panza, Rapunzel, las viudas (“¡Paco, vuelve!”), los bufones, el gato con botas, un dragón, los tres mosqueteros, y un largo etc. ¡Incluso estaba Santo Tomás de Aquino! 
Y llegó el momento de la comida. En las mesas, a modo de platos, había tablas y cuencos, y, a modo de cubiertos… Las manos. Para algunas fue divertido comer con las manos, pero a otras les costó verdadero trabajo manejar el pollo. Las cocineras medievales hicieron un trabajo espléndido paseando ollas enormes, y no hay que olvidarse de las mazorcas de maíz, que llegado un momento, tuvimos que coger al vuelo. 
El Primer Banquete Medieval acabó  con helados, bailes en el salón, y duelos a espada de plástico en los pasillos. Y, además, pudimos comprobar que en Olabidea se nos da muy bien disfrazarnos, así que nos despedimos, con miras a la próxima cena especial.
¡Hasta muy pronto!